The Dying World, la última entrega de Spiders, ha sido lanzada oficialmente esta semana después de dos años en acceso anticipado. Este título, que se desarrolla en un mundo de fantasía inspirado en Europa del siglo XVII, se presenta como una precuela de Greedfall, que había tenido un éxito moderado en 2019. La nueva entrega ha cambiado su enfoque de combate, abandonando el sistema en tercera persona por uno de tiempo real con pausa, lo que ha generado opiniones divididas.
En The Dying World, los jugadores asumen el rol de Vriden Gerr, un personaje personalizable que proviene de una nación insular explotada por los colonizadores Renaigse. A lo largo de una aventura de entre 35 y 40 horas, Vriden forma una tripulación de ocho miembros, mientras intenta escapar de la captura de la Alianza, que está utilizando a los nativos de Teer Fradee para experimentos de guerra química.
A pesar de su ambición, el juego ha recibido críticas mixtas, con algunos jugadores sintiendo que no logra captar la esencia de su predecesor. A medida que se profundiza en la narrativa, se refleja una falta de conexión con los personajes, lo que podría limitar su atractivo para un público más amplio. La entrega incluye la posibilidad de navegar en un barco llamado Constanzia, que sirve como base para las aventuras y relaciones del protagonista.