La primera parte de Diablo 2 se establece en un entorno oscuro que ha dejado una huella indeleble en los jugadores. Este capítulo inicial, que se desarrolla desde el Campamento de los Pícaros, ofrece una experiencia que recuerda a la primera entrega del juego, con locaciones icónicas como campos, cementerios y monasterios que evocan la atmósfera de Tristram.
A medida que los jugadores exploran, se encuentran con enemigos como los corrupted rogues, que emergen de la lluvia, y los Fallen, que gritan "Rakanishu!" mientras la música de fondo intensifica la tensión. Este acto no solo se basa en la atmósfera, sino que también fomenta un juego táctico, ya que los enemigos presentan desafíos únicos que requieren atención y estrategia.
El regreso a Tristram es un momento impactante, ya que el pueblo ha sido consumido por las llamas y los personajes conocidos han sido transformados en monstruos. La narrativa y la jugabilidad de Diablo 2 en su primer acto establecen un estándar de inmersión y emoción que muchos jugadores aún aprecian.