La economía K se ha vuelto un concepto relevante en el análisis del mercado de videojuegos. Según el analista Matt Piscatella, la recuperación económica tras la pandemia de Covid-19 ha sido desigual, beneficiando más a los consumidores adinerados que a aquellos con menores ingresos. Este fenómeno se refleja en el aumento del enfoque de la industria hacia juegos dirigidos a jugadores de mayores recursos.
Piscatella destaca que una parte significativa del mercado de videojuegos se está concentrando en usuarios que tienen mayor capacidad adquisitiva, mientras que las experiencias de juego más accesibles están siendo relegadas a títulos como Fortnite, Minecraft y Roblox. Esto sugiere una fragmentación creciente en el sector, donde los jugadores menos afortunados se ven obligados a recurrir a juegos gratuitos que incluyen múltiples microtransacciones.
Este cambio en el mercado plantea preocupaciones sobre cómo los videojuegos premium, que suelen costar más de $70, están creando una brecha en la calidad de la experiencia entre los jugadores. Mientras tanto, aquellos que solo pueden gastar pequeñas cantidades con frecuencia acaban gastando más en juegos móviles que, a menudo, ofrecen una experiencia inferior. Piscatella también menciona que el mercado de PC mantiene una oferta diversa de juegos asequibles y creativos, lo que podría ser una solución frente a esta desigualdad.