La serie Call of Duty se ha destacado por su sistema de progresión, que permite a los jugadores desbloquear nuevas armas a medida que avanzan en el juego. Esta mecánica ha sido fundamental para mantener el interés y la adicción de los usuarios, ofreciendo una experiencia de "dopamina" que se ha vuelto icónica. Sin embargo, en el pasado, algunas entregas como Advanced Warfare alteraron este sistema, causando descontento entre la comunidad.
El juego introdujo las variantes de armas, que permitían a los jugadores desbloquear diferentes versiones de las armas estándar, cada una con ajustes significativos en su rendimiento. Por ejemplo, el MP11 Goliath ofrecía más daño a costa de la manejabilidad, mientras que el ASM1 Speakeasy se convirtió en un arma emblemática con características únicas. A pesar de la creatividad detrás de estas variantes, su vinculación con mecánicas de gacha generó polémica.
Los Supply Drops, otro aspecto controvertido introducido en este título, permitían a los jugadores obtener armas a través de un sistema de monetización. Aunque la idea de variantes era interesante, su implementación y la forma en que afectaron la experiencia de juego dejaron un legado mixto en la historia de Call of Duty.