Troika, estudio fundado por ex-desarrolladores de Fallout, lanzó títulos que, aunque ambiciosos, carecían del pulido que los jugadores esperaban. Tim Cain, líder del proyecto, comentó en un vlog sobre las dificultades que enfrentaron al desarrollar juegos como Arcanum y Vampire: The Masquerade - Bloodlines. A pesar de su pequeño equipo, la falta de edición en sus ideas llevó a resultados con interacciones inesperadas.
Cain explicó que el equipo tenía numerosas ideas que se implementaban rápidamente, lo que resultaba en herramientas y contenido defectuosos. Esto generó mecánicas únicas, como la posibilidad de ser pacifista o ladrón, la creación de armas y periódicos dentro del juego que reflejaban las acciones del jugador. Estas innovaciones, aunque imperfectas, dejaron una marca en la comunidad de RPGs.
La primera entrega de Troika, Arcanum, se destacó por sus mecánicas excéntricas y por ofrecer un mundo vasto, aunque a veces vacío. A pesar de los desafíos, Cain atribuyó el espíritu creativo del equipo a su juventud y entusiasmo, lo que les permitió realizar juegos complejos a pesar de sus limitaciones presupuestarias.