El desarrollo de Call of Duty se encuentra en medio de un conflicto creativo que ha capturado la atención de la comunidad de jugadores. Dos estudios principales, Infinity Ward y Treyarch, han estado a la vanguardia de esta franquicia desde sus inicios, pero sus visiones sobre el futuro del juego son a menudo divergentes. Esta situación se ha intensificado a lo largo de dos décadas, creando una serie fragmentada que refleja la creciente división entre los aficionados.
Desde el lanzamiento de Call of Duty 3 en 2006, cada estudio ha aportado su propia interpretación al género de los shooters militares. Treyarch logró consolidarse como el estudio "divertido" con el lanzamiento de Black Ops en 2010, que superó las expectativas de ventas y ofreció una experiencia menos seria que sus predecesores. Mientras tanto, Infinity Ward ha mantenido un enfoque más tradicional, lo que ha llevado a una competencia interna que complica la producción de cada nuevo título.
En un año marcado por un rendimiento débil en comparación con décadas anteriores, el desafío para Activision es reconciliar estas diferencias creativas. La presión de lanzar un nuevo juego cada año por 70 dólares ha generado tensiones dentro del equipo, lo que afecta la cohesión y dirección del producto final.