Durante la década de 1990, la lucha libre se vio marcada por las extravagantes inversiones de Ted Turner en la WCW, que resultaron en derroches financieros significativos. A pesar de tener éxito, la compañía nunca logró equilibrar sus cuentas, gracias a que Turner, un apasionado del wrestling, respaldaba las excesivas decisiones creativas que la rodeaban.
Un ejemplo notorio de este despilfarro fue el personaje de Glacier, un gimmick que buscaba aprovechar la popularidad de Mortal Kombat. La inversión en efectos especiales y vestuario fue exorbitante, pero el personaje no logró captar la atención del público. Eventualmente, la WCW se vio obligada a abandonar el proyecto tras recibir advertencias legales de Midway.
En 1997, el luchador Ray Lloyd se unió a la WCW, generando expectativas en el equipo directivo. Con experiencia en artes marciales y tras haber trabajado en Japón, Lloyd fue contratado por Eric Bischoff sin siquiera haber sido visto luchar, gracias a una reunión con Diamond Dallas Page que resaltó su potencial en el ring.