En 2013, Motorola Mobility, en ese entonces bajo la propiedad de Google, presentó una innovadora píldora de contraseña que se ingería como método de autenticación. Esta píldora contenía un chip pequeño que se disolvía en el estómago y emitía una señal ECG de 18 bits, convirtiendo el cuerpo del usuario en su propia llave de acceso. Regina Dugan, líder de investigación en Motorola, afirmó que “prácticamente, tu cuerpo entero se convierte en tu token de autenticación”.
Se permitía el consumo de hasta 30 píldoras al día, que eran consideradas no tóxicas. Sin embargo, las pruebas realizadas solo podían detectar la presencia de las píldoras, sin proporcionar información adicional sobre su funcionalidad. Dennis Woodside, entonces director de Motorola, comentó que aunque esta tecnología no estaba lista para el mercado, era fundamental pensar de manera audaz sobre los problemas cotidianos.
Motorola también exploraba otras soluciones, como un tatuaje de contraseña en colaboración con MC10, que se enfocaba en circuitos flexibles. Dugan argumentó que las electrónica rígidas no se ajustan a la forma del cuerpo humano, sugiriendo que el contacto físico con dispositivos podría facilitar la autenticación. A pesar de estas ambiciones, Motorola Mobility fue vendida a Lenovo por 2.91 mil millones de dólares un año después de estas declaraciones.