La relación entre Marvel y Capcom se consolidó en 1993 con el lanzamiento de The Punisher, pero fue en 1994 con X-Men: Children of the Atom donde comenzaron a surgir desafíos significativos en la creación de juegos de lucha. Los personajes de Marvel eran muy populares en esa época, lo que generó expectativas altas, pero también llevó a estrictas reglas sobre el uso de estos personajes.
Takuya "Tom" Shiraiwa, exlíder de localización en Capcom, recordó que una de las mayores dificultades era la selección de personajes. Por ejemplo, a pesar de que Spider-Man aparecía en algunas historietas de los X-Men, no se le podía incluir en el juego. Además, cuando se trató de la inclusión de Juggernaut, Marvel denegó inicialmente su capacidad de saltar, argumentando que su peso lo hacía incapaz de hacerlo.
A pesar de estas restricciones, Capcom logró que Juggernaut pudiera saltar en X-Men: Children of the Atom y en su secuela, Marvel Super Heroes. Esto fue crucial para el diseño del juego, ya que las mecánicas de combate se beneficiaban de la capacidad de realizar combos aéreos en espacios verticales amplios, especialmente con personajes que podían volar.