El lanzamiento de una nueva expansión para Diablo 2: Resurrected en 2026 ha sorprendido a la comunidad, introduciendo una nueva clase: los warlocks. Este cambio no solo revitaliza el juego de 26 años, sino que también promete una transformación significativa en su meta. Con la llegada de los warlocks, los jugadores ahora tienen acceso a nuevas mecánicas y desafíos finales, ofreciendo una experiencia fresca en un título que ha mantenido sus prácticas durante décadas.
Entre las novedades, se destaca la construcción conocida como Echoing Strike, que permite a los warlocks atacar de manera devastadora sin la necesidad de dirigir a sus demonios. Esta habilidad lanza armas espectrales, potenciando el daño físico y eludiendo las inmunidades elementales de muchos enemigos. Aunque se requiere un equipo específico para maximizar su rendimiento, se espera que los jugadores puedan alcanzar esta construcción rápidamente gracias a la velocidad de nivelación de los warlocks.
A pesar del poder de los warlocks, las clases anteriores como hechiceras y paladines siguen siendo competitivas, lo que permite a los jugadores explorar las nuevas zonas de terror y enfrentarse a los jefes más difíciles sin necesidad de cambiar de clase. Hasta el momento, Blizzard no ha realizado ajustes de balance para los warlocks desde el lanzamiento de la expansión, lo que sugiere que su impacto en el juego podría ser duradero.